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La imprenta

Esto era algo nuevo, algo que inmediatamente comenzó a cambiar las formas de ver y de trabajar de los hombres. Había grabadores que hacían sus propios dibujos, en tanto que otros grababan las obras dibujadas por otros hombres con fines diferentes. Comenzaron a popularizarse obras de arte que no eran únicas, ni aproximadamente como sus originales, como pueden serlo las copias dibujadas a mano, sino casi tan idénticas que, para los fines comunes, no había diferencia. Muchas personas podían poseer el mismo dibujo. Ese fue un gran cambio, pero también hubo otros. Al ver constantemente grabados en madera y en otros materiales, la gente adquirió una nueva capacidad o hábito de ver, no en color, sino en blanco y negro, que en cierta manera enriqueció y de otra empobreció su modo de ver. El mundo de la visión y de la imaginación se alteró. Durante cerca de cuatrocientos años —hasta los comienzos de la fotografía— no se produjo una nueva invención que pudiera compararse con ésta, pero a lo largo de estos siglos los modos de ver continuaron cambiando, bien para alcanzar nuevas delicadezas de percepción o para perder satisfacciones bien conocidas. A pesar de estos cambios en las artes visuales, y también a partir de ellas, se efectuaron cambios todavía mayores y más frecuentes en la naturaleza de la lectura y de la escritura, así como en los usos de ambas en la vida, cambios más fecundos, porque afectaban a toda clase de hombres y de mujeres en casi todo cuanto hacían o pensaban.

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